Deblanco: tres generaciones cosiendo un legado de fuerza y bienestar
Lo que comenzó hace 45 años como la necesidad de un uniforme hermoso y de calidad, se transformó en un legado familiar que hoy viste a miles de personas.
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A doña Lucía Botero siempre le fascinó vestir bien a sus hijos. Para ella, cada ocasión merecía cuidado y elegancia. Antes de que cualquiera saliera por la puerta, revisaba cada prenda con la misma dedicación con la que un artesano inspecciona su obra: de arriba abajo, puntada por puntada. No era para menos, Doña Lucía era modista de alta costura y su sello personal se veía en cada detalle.
La prueba más clara de su talento llegó cuando una de sus hijas —que lleva también su nombre— comenzó su carrera como enfermera y necesitó uniformes impecables. Doña Lucía, sin dudarlo, se puso manos a la obra y empezó a confeccionarlos. La calidad era tan superior y el acabado tan fino, que pronto las compañeras de su hija empezaron a fijarse y a pedir los suyos.
"Todas las compañeras de mi mamá empezaron a pedir los uniformes porque eran hermosísimos", relata con emoción Andrea Echeverri, nieta de doña Lucía Botero y subgerente de Deblanco.
Años más tarde, ese legado pasó de mamá Lucía a hija Lucía, y de Medellín a Bogotá. “Aunque nos mudamos de ciudad y estábamos lejos del taller de mi abuela, en otra ciudad, sin clientes, mi mamá en su berraquera y en su echada para adelante, dijo vamos a sacar adelante a Deblanco y se puso al frente”, recuerda Andrea con orgullo.
"El inventario y los proveedores también los llevaban con tarjeticas, todo era súper manual. Tocaban puertas, repartían los uniformes y mis hermanos y yo crecimos entre el taller, el colegio y las vacaciones. Con el tiempo, en Medellín el taller llegó a emplear 120 operarias", agrega, recordando lo que han sido 45 años de trabajo familiar y de expansión.
Un capítulo fundamental en esta historia ha sido la relación con Compensar, una alianza construida sobre la confianza y la calidad, que hoy suma 35 años de trabajo conjunto. Gracias a este vínculo, el legado de Deblanco ha podido expandirse y llegar más lejos.
“Vestimos a cerca de 2.500 funcionarios de Compensar, les producimos entre 30.000 y 40.000 prendas cada año, y generamos empleo para alrededor de 300 personas, entre puestos directos e indirectos”, explica Andrea.
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Hoy, Deblanco forma parte del 57% de las Mipymes que son proveedoras activas de Compensar, trabajando juntas por la salud y el bienestar de los usuarios. Pero para Andrea y su familia, todavía queda "mucha tela por cortar".
"Yo quisiera que Deblanco siga inspirando y dando mucho más empleo para seguir creciendo no solamente con compensar, sino ser aliado de muchas más empresas", concluye la subgerente de Deblanco..
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La visión a futuro es clara: seguir creciendo, atender a más clientes y, sobre todo, continuar brindando empleo a más familias para que el legado de doña Lucía Botero siga inspirando a las próximas generaciones.