El esfuerzo de construir un camino propioA los 16 años, Jessica Ordóñez dio sus primeros pasos en el mundo laboral de manera independiente, atendiendo un puesto de juguetería. Tiempo después ingresó al sector de la confección, donde estuvo a cargo de la elaboración de camisas de caballero. Con la convicción de que la formación era la clave para abrir nuevas oportunidades, a los 22 años decidió matricularse en una tecnología en Gestión del Talento Humano.Años más tarde, el nacimiento de su hija Luz Carolina en diciembre de 2019 redefinió sus prioridades y metas personales. "No estaba preparada para ser mamá...", recuerda.Tras el primer año de su hija, la búsqueda de ingresos económicos la llevó a emplearse de manera informal en áreas de logística y atención como mesera, procurando sostener la estabilidad familiar.El giro profesional a través de la intermediación laboralEl panorama laboral de Jessica dio un giro cuando fue contactada por la Agencia de Empleo de Compensar para postularse a una vacante formal. Ingresó inicialmente como auxiliar de turnos y, tras mostrar desempeño y compromiso, fue ascendida a asesora y posteriormente a analista integral de operaciones, cargo en el que suma ya cuatro años de trayectoria atendiendo trámites vehiculares y licencias de conducción.Paralelamente, como afiliada a Compensar caja, comenzó a acceder a subsidios monetarios y educativos destinados al bienestar de su familia. En el marco de la campaña Temporada de Campeones, que incentivaba el uso y redención del subsidio monetario en establecimientos comerciales aliados, Jessica registró sus compras en la plataforma dispuesta para los usuarios.La sorpresa de cumplir un sueño anheladoEl proceso de redención culminó con una notificación inesperada: Jessica resultó ganadora de uno de los seis viajes dobles, con todo incluido, para presenciar un partido de la Selección Colombia en la Ciudad de México. La noticia representó no solo la oportunidad de ver en vivo al equipo nacional, sino la experiencia de volar por primera vez en avión y viajar al extranjero junto a su esposo."Me sentí muy feliz, dichosa porque es un viaje inesperado, muy emocionada al ver a la selección en vivo. Fue mi primer viaje en avión", manifiesta conmovida."Soñé mucho el viaje, quería viajar. Siento que era la oportunidad para mí, quiero conocer y vivir otras culturas", agrega entusiasmada.La travesía estuvo llena de anécdotas, desde la preparación apresurada de los pasaportes hasta la llegada al territorio mexicano, donde compartieron momentos de integración con otros aficionados y disfrutaron de la gastronomía y la cultura local.Para Jessica, el recorrido representa una cadena de logros que se han consolidado con disciplina, respaldo institucional y superación personal. "Siento que yo he luchado mucho, he logrado mis expectativas y sueños. Sigo esforzándome cada vez más. Quisiera tener mi propia empresa", concluye con emotividad y determinación.
"Las dos éramos desde gerentes hasta mensajeras, hacíamos absolutamente todo", recuerda Gloria Rondón, gerente general de Orientar Salud, al detallar los primeros pasos de la empresa.La compañía, dedicada a asesorar a las organizaciones en la prevención de enfermedades laborales y el fortalecimiento del bienestar de sus trabajadores, comenzó hace 25 años gracias a la visión de Gloria Rondón y Orfa Cante. Ambas estuvieron dispuestas a asumir cualquier rol necesario para sacar adelante su proyecto. En sus inicios, la operación dependía por completo de la versatilidad y el empeño de sus fundadoras.Como toda gran organización, guardan en sus cimientos anécdotas de perseverancia. “Iniciamos en el sector petrolero en una empresa con sus centros de trabajo muy lejanos de los puntos de referencia de ciudad y tuvimos que crear una forma para que las personas hicieran ejercicio de forma autónoma. Entonces grabamos un CD en donde explicábamos el ejercicio, lo vinculamos a una ilustración y se grabaron varios volúmenes”, cuenta con emoción Orfa.El crecimiento de Orientar Salud, ahora cuenta con más de 80 fisioterapeutas, entrenadores, deportólogos y nutricionistas, ha estado marcado por dificultades superadas, por ejemplo, uno de los momentos más críticos ocurrió cuando se terminaron todos los contratos comerciales."Un desafío grande fue un momento en que se terminaron todos los contratos, pero teníamos que cumplir algunas responsabilidades y fueron dos años que no tuvimos sueldo. Estuvimos trabajando hombro a hombro para responderle a los profesionales que teníamos y nosotros les pagábamos a ellos, aunque nosotras no nos pagamos salario", detalla Gloria Rondón al revivir los momentos de mayor resiliencia de la compañía.En la actualidad, atienden a cerca de 250 empresas a través de las cinco Administradoras de Riesgos Laborales (ARL) más grandes del país. Y en los últimos dos años, la alianza estratégica con los programas de fomento empresarial de Compensar ha sido un motor clave para la estructuración organizativa de Orientar Salud. A través de diagnósticos empresariales, laboratorios de innovación, planes estratégicos y capacitaciones en marketing, tecnología y liderazgo, el equipo base ha fortalecido sus competencias para adaptarse a un entorno corporativo en constante evolución.Además, gracias a estar en estas formaciones ganaron un viaje que soñaban. “Recibimos una llamada para participar en una iniciativa de fomento empresarial. Teníamos que hacer un video en el que contáramos nuestra historia y lo que habíamos hecho con Compensar. Así que todos en el equipo nos pusimos la camiseta, grabamos nuestro video y concursamos y fuimos los ganadores y fuimos a ver el partido Colombia vs Portuagal en Miami”, relata Cante.Orientar Salud fue elegida entre 37 empresas finalistas de la iniciativa "Empresarios que se ponen la 10" de Compensar. A través de esta estrategia la caja de compensación buscó impulsar y visibilizar a los empresarios que se destacan en el país. Con la mirada puesta en el futuro, Orientar Salud proyecta generar más y mejor empleo y aportar al desarrollo del país mediante la promoción de entornos laborales saludables."Al mirar hacia atrás entiendo que la provisión de Dios, la constancia y el hecho de poder mantenernos en la visión nos ayuda a alcanzar cosas. Pensar que, wow, si hemos logrado esto no me imagino lo que está por venir", concluye Orfa Cante, gerente de operaciones y mercadeo de la empresa.
"Yo llegué a un punto de despedirme ya de todos mis familiares, de mis amigos. Sentía que ya iba a morir. Fue un momento muy duro", recuerda con nostalgia Julián Romero.Lejos de rendirse, este administrador público de profesión dedicó tres años a recuperarse en su totalidad. “Estuve en un proceso bastante difícil, fue una mejoría bastante lenta”, afirma mientras cuenta su testimonio en Historias que Inspiran.Tras lo que considera una milagrosa recuperación, llegó el momento de reincorporarse al mundo laboral. La oportunidad apareció cuando la Secretaría de Seguridad, Convivencia y Justicia de Bogotá lanzó una convocatoria abierta a la cual se presentaron alrededor de cinco mil personas.A través de esa oferta de empleo conoció la Agencia de empleo y Fomento empresarial de Compensar, encargada de realizar la selección y contratación. “Fue una experiencia con una diferencia sustancial a otras que yo había tenido. Había orientación laboral humana y un acompañamiento constante en cada etapa. Me llamaban, ¿cómo te fue con los documentos?, ¿cómo te fue la entrevista? Y eso fue muy importante", explica Romero.Este respaldo personalizado transformó por completo el reto de emplearse y logró ser contratado como Gestor del Orden para la Secretaría de Seguridad, Convivencia y Justicia de Bogotá en la localidad de Chapinero.Ahora, como servidor público, desde hace 7 meses vela por la sana convivencia y el respeto de las normas básicas para vivir en comunidad, previniendo comportamientos que afecten la seguridad o el medio ambiente. Portar su uniforme y recorrer las calles ayudando a los ciudadanos representa el triunfo de su resiliencia."Después del quebranto de salud tan grave y de esa milagrosa recuperación que tuve, es indescriptible y bello estar aquí y trabajar como lo hace cualquier persona", expresa con emoción.Su historia, impactada positivamente por un empleo, refleja una realidad para miles de personas, pues durante el último año, solo a través de la Agencia de Empleo de Compensar, cerca de 59 mil ciudadanos han sido ubicados laboralmente. “En la agencia de empleo hay vacantes para todo tipo de perfiles. Es una muy buena idea entrar a su página web o ir presencialmente y empezar a buscar y a proyectarte”, señala con optimismo.Con una sonrisa y con certeza este deportista y motero apasionado asegura que su trabajo representa mucho más que un cargo o un sustento, es la base para reconstruir su futuro. “Este trabajo me genera mucha confianza y me da la oportunidad de proyectarme en lo que quiero hacer, en lo que quiero cumplir, en las metas que tengo. Al final, si tú te propones algo en la vida y le metes todo el empuje, todas las ganas, lo puedes lograr", concluye.
El camino hacia los sueños tiene ritmos distintos, y la historia de Nicolás Palacios es el mejor recordatorio de que los obstáculos son, en realidad, el preámbulo de una victoria. Por ejemplo, lo que para muchos es un proceso escolar fluido, para Nicolás fue un terreno empinado."Perdí cuatro veces primero y repetí varios años. Era demasiada frustración para mí. Yo intentaba, me esforzaba, pero fracasaba", cuenta reflejando el agotamiento de quien da todo de sí y no ve resultados. Fue una etapa marcada por una lucha interna constante.“A mis 18 años me detectaron déficit cognitivo limítrofe, es decir que tengo un funcionamiento intelectual debajo del estándar o lo normal”. Por fin, la incertidumbre tenía nombre de diagnóstico. Pero eso, en vez de aliviar, tornó el panorama oscuro. Se quedó sin colegio y llegó a pensar que muchas metas quedarían fuera de su alcance.“En ese momento mi mamá se enteró de Enlaces”, el programa de Compensar para el desarrollo de personas con discapacidad intelectual. El nuevo descubrimiento de esta madre perseverante cambió las reglas del juego.Antes de Enlaces, el entorno escolar era hostil. Así lo relata Nicolás con un aire de tristeza, “yo era una persona muy solitaria, mis compañeros si estaban conmigo era para reírse, burlarse de mí o hasta a veces me pegaban". En Enlaces, por el contrario, halló un mundo donde su presencia era celebrada desde el inicio. “Mi primer día en Enlaces fue de muchas emociones, venía un poco nervioso, pero la bienvenida aquí fue maravillosa. Todos querían hablar conmigo y conocerme”, expresa con felicidad.Diez años después, el panorama es claro. Tras graduarse como bachiller en 2022, sacar su certificado de discapacidad y formarse técnicamente en asesoría comercial con el SENA, Nicolás ahora hace parte del equipo de la Agencia de Empleo y Fomento Empresarial de Compensar, sede Chapinero.“Logré sacar mi certificado de discapacidad y me ha servido para muchas cosas. Me han dado descuentos en el transporte público y también fue parte clave para poder entrar a la convocatoria. Luego, recibí la noticia de que fui contratado por Compensar y fue una alegría muy grande, ya era un paso mucho más allá de lo que ya había dado”, señala con emoción.Nicolás apoya labores administrativas en el área de reclutamiento de la agencia, valida experiencias y cita candidatos. Su evolución no es solo profesional, sino una conquista de su propia autonomía. “Hoy en día soy independiente, vivo con mi pareja, puedo valerme por mí mismo. Compensar me ha ayudado a fortalecer tanto mi parte mental como mi parte emocional", afirma con orgullo.Nicolás representa la esencia de la humanización y el talento diverso. Actualmente, como él, otras 40 personas con certificado de discapacidad están vinculadas laboralmente a la organización, demostrando que las barreras sociales son las únicas que realmente deben ser derribadas.Nicolás cierra su relato con una invitación para quienes aún dudan de su potencial: "les diría que lo intenten varias veces. La vida da muchas vueltas y siempre recompensa a las personas que se esfuerzan al máximo por sus sueños", concluye.
La historia de Carlos Castro es un testimonio de cómo la visión y la constancia pueden transformar una pequeña chispa de curiosidad en un impacto internacional.“Mis papás son dos maestros, me inculcaron mucho el tema de la disciplina y honestidad” expresa recordando los inicios.Todo comenzó en Oporapa, un pueblo al sur del Huila, donde creció bajo la guía de sus padres, quienes le inculcaron dichos valores y fue precisamente esa formación la que lo llevó a los 13 años a trabajar los fines de semana en un supermercado local; allí, mientras observaba la visión de negocios de su mentor, nació el deseo de emprender y ayudar a los demás a través del trabajo.“Miraba a Don Álvaro, cómo trabajaba, le ayudaba a mucha gente, esa visión para los negocios que él tenía y eso fue creando esa chispita en mí”, recuerda con orgullo.Posteriormente, con la firme convicción de trabajar por sus propios sueños, Carlos decidió apostarle a la independencia laboral tras graduarse como ingeniero de automatización electrónica, a pesar de los retos y comentarios externos.“Lo mío definitivamente tiene que ser el trabajar independiente y crear empresa. Le aposté a eso en contra de muchos comentarios”, comenta con ímpetu recordando la esperanza de ese momento.Los inicios de su empresa, Grupo ACI, estuvieron marcados por un esfuerzo incansable: inició prácticamente solo, atendiendo a sus dos primeros clientes y cumpliendo jornadas que empezaban a las 4 de la mañana y terminaban a las 10 de la noche, viajando incluso en transporte intermunicipal para cumplir con sus compromisos.Gracias a esa disciplina inquebrantable, lo que inició con dos clientes es hoy una organización con presencia en 10 países y una oficina principal en Bogotá, generando más de 100 empleos especializados en automatización y digitalización industrial.“La relación con Compensar viene desde hace 22 años. Desde que creamos a grupo ACI, y hace aproximadamente 15 años compensar es cliente nuestro”, comenta el empresario.Recientemente, este vínculo con Compensar se fortaleció, Grupo ACI fue seleccionada para la Misión Comercial a Chile, una experiencia que Carlos describe como impecable. “La Misión Comercial significó muchísimo porque nos abrió una puerta muy importante en un país donde no estábamos. La organización fue impecable y estratégica y estimamos negociaciones sobre los $500 mil USD”, comenta.La Misión Comerciala Chile es una alianza clave de Compensar con la Cámara de Comercio e Industria Colombo Chilena en la que 10 startups protagonizaron más de 60 citas de negocio, abriendo fronteras en un mercado que ya proyecta expectativas comerciales superiores a los 1,3 millones de dólares.Finalmente, Carlos regresó con el deseo renovado de seguir dejando huella en su equipo de trabajo y en su familia. “Yo sueño que grupo ACI pueda seguir generando empleo, que las personas que están se sientan a gusto, que podamos dejarle huella en lo que ellos hacen como personas y profesionales”, Concluye.Su objetivo es que Grupo ACI siga siendo un referente tecnológico en la región y que pueda continuar generando más y mejor empleo, demostrando que aquel joven que madrugaba con sueños e ilusiones, logró construir un legado que hoy trasciende fronteras.
Este es un testimonio de alegría y aprendizaje continuo, cuya historia se entrelaza profundamente con el arte y la esencia de la tierra. La pasión de Rosalba Sánchez, es un canto que comenzó a gestarse desde muy pequeña en La Peña, Cundinamarca, donde solía observar con admiración a su padre tocar la guitarra y tararear canciones al regresar de sus labores en el campo.Durante gran parte de su juventud, la música de carranga fue su fiel compañía mientras trabajaba en las cosechas de su finca, alternando sus tareas diarias como moler maíz en el molino de piedra para preparar las tradicionales arepas y envueltos. “Aprendí a moler maíz en molino de piedra, así salían las arepas y los envueltos. Desde pequeña me gustaba la música”, comenta.El destino la llevó a dar un paso decisivo hacia su pasión cuando su única hija creció y su esposo falleció, momentos que la impulsaron a darle ritmo al sueño que la acompañaba desde niña: estudiar música formalmente. Decidida, se matriculó en la Casa de la Cultura, dedicando diez años a su formación y compartiendo largas jornadas de ensayo en su apartamento con sus compañeras de tiple.“Eso era en las reuniones en el apartamento mío”, indica Rosalba recordando como la música se mezclaba con el aroma del pan y las galletas.En este periodo de crecimiento, Rosalba conviertió sus vivencias en composiciones propias, como la canción que escribió para su hija tras su separación, transformando el sentimiento de la partida en una expresión artística.La dedicación y talento de esta mujer, la han llevado a presentarse con éxito en diversos escenarios de Fusagasugá, Girardot y Melgar, acumulando premios junto a sus colegas y logrando grabar un total de diez canciones como toda una profesional. “Nos fue bien a todas. Todas tuvimos premio”, recuerda. Doña Rosalba recuerda con emoción que en su trayectoria encontró una nueva y poderosa fuente de inspiración al conocer el Centro para la Persona Mayor de Compensar en Fusagasugá. Este lugar no solo se convirtió en su segundo hogar, sino también en la musa de su más reciente composición, en la cual plasmó su profundo agradecimiento a través de los siguientes versos:"Yo vengo desde muy lejos para llegar a Compensar,Un gran centro de turismo para la tercera edad.Y es un lugar tan hermoso, lleno de felicidad,en donde puedo llevarme una linda amistad.Me sentí como en mi casa con toda la libertad,solo quedan los recuerdos que nunca se olvidarán."Para ella, la existencia debe vivirse con amor y sabiduría, bajo la premisa de que la vida es como un viento que hay que saber guiar entregando amor a los demás. “Yo quisiera decirles a todos que la vida es como un viento, uno no sabe a qué hora Dios lo recoge, por eso hay que darle amor a las demás personas”, concluye esta apasionada artista.Con su tiple en mano y una vitalidad inagotable, ella continúa llenando de ritmo cada espacio que visita, como por ejemplo, el Centro para la Persona Mayor de Compensar en Fusagasugá, que se convirtió en el escenario perfecto para crear recuerdos que, tal como dice su canción, nunca se olvidarán.
A doña Lucía Botero siempre le fascinó vestir bien a sus hijos. Para ella, cada ocasión merecía cuidado y elegancia. Antes de que cualquiera saliera por la puerta, revisaba cada prenda con la misma dedicación con la que un artesano inspecciona su obra: de arriba abajo, puntada por puntada. No era para menos, Doña Lucía era modista de alta costura y su sello personal se veía en cada detalle.La prueba más clara de su talento llegó cuando una de sus hijas —que lleva también su nombre— comenzó su carrera como enfermera y necesitó uniformes impecables. Doña Lucía, sin dudarlo, se puso manos a la obra y empezó a confeccionarlos. La calidad era tan superior y el acabado tan fino, que pronto las compañeras de su hija empezaron a fijarse y a pedir los suyos."Todas las compañeras de mi mamá empezaron a pedir los uniformes porque eran hermosísimos", relata con emoción Andrea Echeverri, nieta de doña Lucía Botero y subgerente de Deblanco.Años más tarde, ese legado pasó de mamá Lucía a hija Lucía, y de Medellín a Bogotá. “Aunque nos mudamos de ciudad y estábamos lejos del taller de mi abuela, en otra ciudad, sin clientes, mi mamá en su berraquera y en su echada para adelante, dijo vamos a sacar adelante a Deblanco y se puso al frente”, recuerda Andrea con orgullo.El crecimiento de Deblanco es el reflejo de una evolución constante. "El inventario y los proveedores también los llevaban con tarjeticas, todo era súper manual. Tocaban puertas, repartían los uniformes y mis hermanos y yo crecimos entre el taller, el colegio y las vacaciones. Con el tiempo, en Medellín el taller llegó a emplear 120 operarias", agrega, recordando lo que han sido 45 años de trabajo familiar y de expansión.Un capítulo fundamental en esta historia ha sido la relación con Compensar, una alianza construida sobre la confianza y la calidad, que hoy suma 35 años de trabajo conjunto. Gracias a este vínculo, el legado de Deblanco ha podido expandirse y llegar más lejos.“Vestimos a cerca de 2.500 funcionarios de Compensar, les producimos entre 30.000 y 40.000 prendas cada año, y generamos empleo para alrededor de 300 personas, entre puestos directos e indirectos”, explica Andrea.Hoy, Deblanco forma parte del 57% de las Mipymes que son proveedoras activas de Compensar, trabajando juntas por la salud y el bienestar de los usuarios. Pero para Andrea y su familia, todavía queda "mucha tela por cortar"."Yo quisiera que Deblanco siga inspirando y dando mucho más empleo para seguir creciendo no solamente con compensar, sino ser aliado de muchas más empresas", concluye la subgerente de Deblanco..La visión a futuro es clara: seguir creciendo, atender a más clientes y, sobre todo, continuar brindando empleo a más familias para que el legado de doña Lucía Botero siga inspirando a las próximas generaciones.
Hace siete años, Rosángela Montilla llegó de Venezuela cargada de ilusiones y en Colombia no solo formó una familia junto a su esposo, sino que levantó una microempresa de comida típica donde preparan pasteles, papas rellenas y una salsa de ajo que se ha ganado el corazón de sus clientes. Sin embargo, como a toda madre, el ingreso de su hija Victoria al jardín le generó una profunda incertidumbre.El temor inicial de dejar a su pequeña se transformó en tranquilidad al conocer el Jardín Social El Porvenir en Bosa, operado por Compensar. Gracias a las referencias y al cariño de las profesoras, Rosángela confió el cuidado de su hija a manos expertas, entendiendo que este era el paso necesario para abrirle la puerta a un mundo de nuevas experiencias."Yo sabía que las profesoras son muy queridas, atentas y cuidan a los niños porque se preocupan por el bienestar de cada uno de ellos", expresa.Para esta madre emprendedora, el jardín se convirtió en un aliado fundamental pues mientras ella trabajaba, su hija, Victoria recibía una atención integral."Yo dejaba en el jardín a las siete de la mañana y la recogía las tres y media de la tarde, para mí fue mucha ayuda porque siempre he mantenido ocupada, mientras la niña estaba en el jardín", comenta Rosángela.Allí, la niña no solo aprendió sus primeras lecciones, sino que adoptó hábitos saludables, disfrutando de una alimentación balanceada con frutas y verduras."A Victoria en el jardín le daban su desayuno su almuerzo sus onces, todo balanceado", indica.Además del bienestar nutricional, el servicio gratuito de los jardines sociales en convenio con el Distrito representó un alivio económico vital. Sin la preocupación de mensualidades o costos de alimentación, Rosángela pudo enfocarse en hacer crecer su negocio y fortalecer el futuro de su hogar.A finales de 2025, el camino recorrido dio fruto, pues Victoria, junto a otros 873 niños, recibió su grado en el Centro de Convenciones de Compensar. "La despedida fue algo muy increíble que no muchas entidades hacen", expresa con emoción.Fue una despedida llena de amor que dejó una huella imborrable, hoy, la niña asegura que siempre llevará a la institución en su corazón.La historia de Victoria es el reflejo de un país que se construye coneducación y lo que comenzó como un jardín de esperanzas ha sembrado una semilla tan fuerte que la pequeña ya tiene clara su meta: “Cuando sea grande, quiero ser directora de los jardines de Compensar”, concluye.Es la prueba que con el apoyo adecuado, el bienestar de los niños hoy es la grandeza de los líderes de mañana.
Para muchas madres en Colombia, la crianza es una tarea solitaria, sin embargo, en Altos de Cazucá, en Soacha, la historia de Geraldine Martínez nos recuerda que cuando existe una red de apoyo, el peso se vuelve más ligero y la esperanza florece.Geraldine, es una mujer de 30 años que llegó al CDI Apensar de Compensar, buscando un espacio para su hijo Ethan de 4 años.“Él era muy tímido, no socializaba con otros niños. Acá él ha aprendido a socializar con niños de su edad, más grandes o pequeños”, expresa la madre.El impacto del CDI no ha sido solo para el niño, Geraldine ha participado en el programa de tejidos, peinados y uñas, además del taller Vincularte. "Ahí nos ayudan y nos dan consejos sobre la crianza de los niños y me ha ayudado a nutrirme como persona, como mamá y como mujer también", destaca.Los sueños de Navidar llegaron a Ethan y sus compañerosEste CDI, hace parte de las comunidades beneficiadas de Navidar, una iniciativa a través de la cual alrededor de 1.200 colaboradores de Compensar donan para entregar regalos en esta época especial.Ethan recibió una tortuga didáctica que ha aportado a su proceso de aprendizaje. Geraldine cuenta que su hijo "estaba muy emocionado" al recibir el regalo y que el juguete "lo ha ayudado a tener más paciencia", mientras identifica figuras geométricas y aprende otras nuevas.“Me llenó mucho ver a mi niño, cómo ha aprendido, todo el amor que ha recibido. No puedo estar más feliz”, concluye.Gracias al CDI, Geraldine siente que ella y su hijo han adquirido nuevas herramientas y su testimonio refleja que el bienestar integral es posible en todas las etapas de la vida.
La obesidad, un factor de riesgo capaz de desencadenar otras enfermedades, es una realidad que ha motivado a muchos a adoptar hábitos más saludables para vivir mejor, y cambiar así, fatiga, pesadez o hasta dificultad para subir escaleras por dinamismo y autonomía.La historia de Martha y Daniel, es un testimonio que inspira. A sus 69 años, Martha Cangrejo se vinculó al programa Vitalízate sin límites de Compensar por recomendación de su médico tratante. Allí a través de clases grupales, seguimiento personalizado y monitoreo de indicadores de salud comenzó a sentirse mejor“Se siente uno más ágil, liviano, activo, con ganas de hacer más cosas y participar en otras”, indica Martha. La transformación de esta mujer fue tan visible que inspiró a su esposo a unirse también al programa aunque al principio, se mostraba reacio a la idea. “Después de que mi esposa me contó tantas cosas bonitas, pues yo decidí tomar el curso también. Porque me gusta ser de ambiente y estar sonriendo todo el tiempo”, comenta Daniel.Hoy, después de casi dos años de complementar el tratamiento médico con actividades físicas, cognitivas y sociales, los datos de valoración de la pareja dan cuenta de un cambio notable. Para Martha, el programa no solo ha impactado su salud, sino también a su familia. Su nieto, Matías, siempre la acompaña cuando tiene vacaciones y le pide que lo lleve a ver sus ejercicios. “Y él nos toma fotos, está pendiente de mis amigas, eso se despide a todos con beso y abrazo”, expresa. La historia de Martha y Daniel es un testimonio conmovedor de que la edad es solo un número cuando se tiene propósito y apoyo. Al igual que ellos, más de 500 personas mayores que han accedido a estos programas personalizados que demuestran que, al complementar el tratamiento médico con actividades físicas, cognitivas y sociales, es posible reescribir la historia de la salud en la edad adulta.“Y solamente pensar que se va a encontrar uno con un grupo de amigas o de amigos ahí, eso también lo ayuda a fortalecer a uno mucho y le ayuda a subir su calidad de vida”, concluye. Su vitalidad, reflejada en el entusiasmo por nadar, tomar clases y compartir sus logros con la familia, nos recuerda que siempre hay una oportunidad para seguir creciendo y viviendo con autonomía, vitalidad y un amor que inspira a todos a su alrededor.
Fany Mayden es una administradora de empresas que llegó a Compensar hace 30 años. Al principio solo atendía en las taquillas los fines de semana sin saber que construiría un camino de aprendizajes, sueños y realización profesional. “Yo llegué a Compensar el primero de mayo de 1995, realmente no pensé quedarme tanto tiempo”, comenta.Durante su paso por la organización, Fany se ha vinculado a diferentes equipos hasta llegar al área de Talento Humano, donde el día de hoy completa 27 años. Un momento clave en su carrera fue en el 2008 cuando Compensar estaba trabajando en el proyecto para crear su universidad.“Llegué a ser la líder de talento humano. Fue organizar todo un proceso porque Unipanamericana era una empresa familiar, entonces Compensar debía llegar en una forma bonita”, afirma.Esta administradora se caracteriza por ser una persona hogareña y muy apasionada por su familia; el nacimiento de sus dos primeras sobrinas poco después de su ingreso a Compensar unió su vida laboral y personal.“Yo llegué a la empresa el primero de mayo, pero en julio nacen mis dos primeras sobrinas, las mayores, es decir que ellas también tienen 30 años. Entonces en mi casa, mis sobrinos y mis hermanos respiran Compensar”, señala.Fany recuerda muy bien cómo era la organización cuando llegó a Talento Humano en 1998. “Era la encargada de hacer la seguridad social. En ese momento éramos 1.100 colaboradores; hoy somos casi 14.000. Entonces, el crecimiento ha sido exponencial. He tenido la oportunidad de trabajar con tres directores”, comenta.Ahora que se acerca a su jubilación, sus amigos y familia le preguntan qué hará; su respuesta sobre el futuro es clara. "Vivir la vida un poco más pausada, en lo posible hacer planes para viajar", expresa. Su mayor deseo es poder compartir ese tiempo tranquila con sus padres.Fany afirma con mucha gratitud todo lo que construyó y vivió en esta organización, “Esta es una empresa que enamora. Le servimos a nuestros afiliados y usuarios con pasión; este es un lugar buenísimo y creo que es una bendición haber llegado a esta empresa”, concluye.Esta mujer luchadora desde el primer día supo que su vida cambiaría; hoy reafirma que Compensar ha sido su mejor herramienta o plataforma para hacer posibles sus sueños.
Desde muy pequeño, Camilo Rodríguez mostró una capacidad sorprendente para comunicarse. Su madre aún recuerda cómo, con tan solo dos años, relataba un noticiero completo después de escucharlo una sola vez. Ese talento resultaba admirable, aunque también despertaba preguntas que con el tiempo se hicieron imposibles de ignorar."Cuando cumplió los 8 años y en una forma abrupta, el cambio de comportamiento fue algo que nos dejó a todos aterrados porque empezó con palmoteos, con repetición, esto que llaman ecolalia y ya no podía estar bien ni en el aula de clase ni en la casa", comenta Carmen Torres, madre de Camilo. Tras recorrer múltiples especialistas, llegó un diagnóstico complejo: autismo atípico. Para la familia, la noticia fue dura, aunque nunca suficiente para frenar su determinación. Carmen lo resume con una convicción que la ha guiado desde entonces: "Para el mundo quizá no había nada por hacer, pero para mí había todo por construir", afirma.Mira también: Más allá del diagnóstico: el increíble viaje de Leo y 19 valientesDespués de casi una década de aislamiento social, Camilo ingresó al programa Enlaces de Compensar, un espacio que durante 30 años ha acompañado a cientos de personas con discapacidad cognitiva en su desarrollo integral. Su padre reconoce con gratitud el impacto de este proceso."La socialización es tan fundamental en ellos y muchas veces no lo tienen: comunicarse, entender a los demás, tratarlos. Para nosotros ha sido maravilloso. Ha sido un cambio grande en Camilo y un beneficio para nuestra tranquilidad", señala Guillermo Rodríguez.Cada año, alrededor de 500 niños, jóvenes y adultos como Camilo encuentran en Enlaces un entorno formativo guiado por cerca de 60 docentes, profesionales que viven esta labor como un aprendizaje permanente. Para ellos, trabajar con una población diversa y llena de capacidades se convierte en un acto de vocación y crecimiento mutuo.Mira también: "Yo nací para jugar fútbol": Xavi, un campeón que inspira dentro y fuera de la canchaGracias a este programa, más de 18 mil personas y sus familias han podido enlazar sueños con oportunidades reales y avanzar hacia una vida con mayor bienestar. El mensaje de Guillermo representa el sentir de muchas familias. "Ojalá existieran más espacios como este, donde la discapacidad no se esconda, no se ignore y no se estigmatice. La diversidad es una realidad, no una excepción, y su aceptación comienza con una educación que enseñe a ver y valorar a todos por igual", concluye con alegría.
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No obstante, todos logran convencerla y ella termina aceptando. Óscar y su familia hacen negocio con Clarita, y le compran el apartamento por un precio menor al que ella estaba pidiendo.No te pierdas Vecinos en las noches de Caracol Televisión o en la señal en vivo. Recuerda que puedes ver los capítulos aquí.
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Mientras tres de los jurados coincidieron en que el concursante sí logró acercarse a la esencia del artista urbano, otro consideró que todavía tiene aspectos por perfeccionar para alcanzar una imitación más fiel.Mira desde el 1:01:50Lea también:Laura Acuña y Melina Ramírez dicen cómo se llevan dentro y fuera de ‘Yo Me Llamo’No te pierdas "Yo Me llamo"de lunes a viernes a las 8:00 p. m., después de Noticias Caracol.
Y es que mientras César Escola y Elder Dayán aseguraron que el participante logra transmitir la esencia vocal de Luis Alfonso,Amparo Grisales consideró que todavía existen diferencias importantes que le impiden alcanzar una imitación completamente convincente.La artista aseguró que el concursante no tiene el “arrastrado” montañero y paisa que caracteriza al ‘Contentoso’,por lo que aún no logra parecerse lo suficiente al artista original y fue contundente al asegurar que, para ella, "no se llama".Mira desde el 54:10Sin embargo, la balanza se inclinó a favor del imitador gracias a la opinión de los otros tres jurados. César Escola, Elder Dayán Díaz y Aurelio Cheveroni coincidieron en que el participante sí logró convencerlos con su interpretación y aseguraron que, para ellos, "sí se llama" Luis Alfonso.El imitador le prometió a Amparo Grisales trabajar en los aspectos que ella mencionó para que, en la próxima presentación, quede enamorada de él y convencida de que puede ser el doble perfecto del cantante de música popular colombiano.No te pierdas "Yo Me llamo" de lunes a viernes a las 8:00 p. m., después de Noticias Caracol.
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La música vallenata tuvo un nuevo espacio en el capítulo 9 de 'Yo Me Llamo' con la presentación de la imitadora de Patricia Teherán, quien interpretó 'Qué desastre' frente a Amparo Grisales, César Escola, Elder Dayán Díaz y Aurelio. Tras su actuación, la concursante recibió la evaluación del jurado, que destacó algunos aspectos de su interpretación y señaló elementos que deberá fortalecer para continuar en la competencia.La participante llegó al escenario con el reto de rendir homenaje a una de las voces más recordadas del vallenato femenino. Durante su presentación buscó reflejar el estilo interpretativo de Patricia Teherán, una artista que dejó un importante legado dentro del género y cuya música continúa siendo recordada por el público.Mira desde el 30:43Al finalizar la interpretación, Díaz fue uno de los primeros en compartir su opinión. El jurado aseguró que la concursante sí se llama, respaldando su continuidad en el programa gracias a los elementos que encontró en su interpretación.Posteriormente, Escola realizó una evaluación más detallada del desempeño de la imitadora. 'El Maestro' reconoció su trabajo, pero señaló que durante la presentación la percibió un poco tiesa y contenida sobre el escenario. Aun así, decidió darle la oportunidad de continuar y le recomendó ponerse más las pilas para fortalecer el personaje y desarrollar una mayor presencia escénica en las próximas galas.Aurelio también dio su veredicto y coincidió con Elder al afirmar que la participante sí se llama, sumándose al respaldo que recibió por parte de la mayoría del jurado.Luego de escuchar cada una de las valoraciones, llegó el momento de conocer la decisión definitiva. La imitadora obtuvo tres estrellas verdes y una roja, resultado que le permitió avanzar a la siguiente etapa de 'Yo Me Llamo' y seguir demostrando su evolución dentro de la competencia.La presentación dejó en evidencia que la concursante logró convencer a la mayoría de los jurados, aunque también recibió recomendaciones orientadas a fortalecer su caracterización. No te pierdas "Yo Me llamo" de lunes a viernes a las 8:00 p. m., después de Noticias Caracol.
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