“Yo siempre le daba un millón”: Rafael Santos recordó cómo ayudaba a Silvestre Dangond
La particular historia tiene que ver con los inicios de Dangond en la música, aunque todo ocurrió en Bogotá y no en el Cesar o La Guajira, cuna de ambos artistas.
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Rafael Santos, hijo de Diomedes Díaz, recordó los momentos en los que gracias a su éxito como solista pudo darle la mano a otro de los jóvenes talentos que querían surgir en el mundo de los acordeones: Silvestre Dangond.
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El relato se dio en ‘Historias con ritmo’, espacio de entrevistas de las plataformas digitales de Caracol Televisión donde el heredero del ‘Cacique de La Junta’ ventiló detalles de su cercanía con Silvestre, así como la forma en la que contribuyó para que este tuviera sus primeros ingresos gracias a su desempeño en las tarimas.
Según la narración, Rafael Santos ya era una gran figura cuando empezó a colaborarle a su colega y amigo, con el que continúa teniendo estrecha relación, según comentó a partir del minuto 18:30 del siguiente video:
El máximo exponente de la dinastía Díaz en la actualidad comentó que abrir las puertas de la nueva generación del vallenato le dio la posibilidad de ganarse un espacio de privilegio y que desde allí pudo contribuir con otros artistas.
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“Yo ya tenía mi segundo o tercer trabajo discográfico, yo ya era una realidad en el país, ya había cosechado éxitos y cuando vine a vivir a Bogotá me encontré a Silvestre Dangold, pero él necesitaba trabajar”, señaló en inicio.
Y aclaró que en ese entonces Dangond “todavía no era músico, era aficionado”, por lo cual lo contrataba como apoyo para sus conciertos: “Yo lo llevaba a mis presentaciones, yo ganaba muy bien porque era la novedad del momento”.
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En ese momento, Rafael Santos manifestó que conocía la situación de Silvestre y que le pagaba más que a los demás: “Hace 27 años yo les pagaba a los músicos 300.000 o 400.000 pesos, eso era un platal. Y a él le daba un millón por presentación, y tuvimos muchas. Con eso es que él se sostenía en Bogotá”.
Por último, expresó que ese detalle no se borra de la memoria de ninguno de los dos: “Siempre me agradece, tiene un gran corazón… Compadre, no se le olvide, tiene que retribuirme algo… mentira, ja, ja, ja. Lo quiero mucho, nos llevamos muy bien”.
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