El cantante Luis Alfonso mantiene una práctica constante de devoción religiosa que forma parte de su vida cotidiana. Como parte de esta expresión de fe, instala un altar en su hogar en el que reúne elementos simbólicos en agradecimiento a Dios y a las almas que considera presentes en su camino.
En este espacio dispone fotografías de personas cercanas, entre ellas imágenes de familiares de su esposa Luisa. También incluye una fotografía de Yeison Jiménez, a quien reconoce como colega y cuya muerte ocurre el 10 de enero de 2026 en un accidente aéreo. La presencia de esta imagen dentro del altar responde a su intención de mantener un recuerdo permanente.
El altar cuenta con agua y velas que permanecen encendidas de manera constante. Según su práctica, estos elementos están destinados a las almas, a las que considera necesario acompañar mediante oración y actos simbólicos. Esta rutina se complementa con la conmemoración del mes de los muertos, periodo al que otorga un significado especial dentro de sus creencias.
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El respeto que manifiesta hacia las almas tiene origen en una experiencia ocurrida años atrás. En ese momento, el cantante visita un cementerio durante la noche. En ese lugar escucha música, llora y consume alcohol mientras permanece entre las tumbas. Durante la visita se queda dormido y es despertado por el vigilante del lugar, quien le indica que debe retirarse debido al cierre del cementerio.
Tras salir, se dirige a su apartamento, donde vive solo en ese momento. Ya en su habitación, percibe la sensación de no estar solo. Describe la presencia de varias entidades a su alrededor y la escucha de voces que no logra comprender. En un inicio atribuye la situación al estado en el que se encuentra, pero con el paso del tiempo identifica que la sensación se mantiene de forma intensa. Ante esto, decide salir del lugar y pasar la noche en la casa de un amigo.
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Al día siguiente regresa al cementerio con el propósito de pedir perdón por lo ocurrido durante su visita anterior. Este episodio marca un punto de cambio en su forma de relacionarse con el tema espiritual y refuerza su idea de mantener respeto hacia las almas.
Como parte de esta misma devoción, el artista decide realizarse un tatuaje del Arcángel Miguel, a quien considera su guardián. El diseño se desarrolla en su espalda y continúa en proceso, formando parte de los elementos que integran su práctica espiritual actual.
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