En los últimos años de vida de Laura Montoya Upegui, el trabajo continuo en comunidad comenzó a afectar su estado de salud. Presentó dificultades físicas asociadas a una afección renal que también incidió en el aumento de peso. A pesar de esta situación, mantuvo sus actividades y continuó vinculada a las labores de servicio y acompañamiento.
Hacia finales de la década de 1940, su movilidad se redujo y pasó a utilizar una silla de ruedas. Este elemento fue elaborado en madera por las religiosas que la acompañaban. En 1949 se trasladó a Medellín, donde permaneció bajo mayor cuidado debido al avance de sus complicaciones médicas.
Durante este periodo, mantuvo su práctica espiritual y realizó una petición en la que expresó su intención de continuar con su labor incluso después de su muerte. En ese mismo tiempo, recibió visitas constantes de distintas personas, entre ellas sacerdotes y miembros de comunidades indígenas con las que trabajó durante años.
En los días finales, su condición se agravó. Se registraron episodios prolongados de dolor físico y un deterioro progresivo de su estado general. Las religiosas que la acompañaban permanecieron a su lado mientras avanzaba el proceso de su enfermedad. El 21 de octubre de 1949 se produjo su fallecimiento.
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Tras su muerte, quedó constituida una congregación integrada por 467 religiosas. Las acciones y enseñanzas asociadas a su vida se difundieron en más de 21 países. Cinco años después de su fallecimiento inició el proceso formal en el Vaticano para su reconocimiento dentro de la Iglesia Católica.
En 1973, durante el pontificado de Pablo VI, se aprobó su condición dentro del proceso que la reconoció como sierva de Dios. Posteriormente, fue declarada venerable por Juan Pablo II. En 2004 se llevó a cabo su beatificación, paso previo a la canonización.
Finalmente, en 2013, Papa Francisco la declaró santa, convirtiéndola en la primera santa de Colombia. A partir de este reconocimiento, su figura se integró a las celebraciones religiosas del país y se estableció un santuario que recibió visitantes interesados en conocer su historia y realizar actos de devoción.
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El proceso que lleva a la canonización de Laura Montoya Upegui se sustenta en su trayectoria misionera y en hechos considerados milagros dentro de la Iglesia Católica. Uno de los hechos más difundidos corresponde al caso del doctor Restrepo, quien presenta varias enfermedades que afectan su sistema muscular. En medio de este cuadro clínico, inicia una práctica de oración dirigida a la Madre Laura. Posteriormente, se registra una mejoría en su estado de salud, situación que es tomada como referencia dentro del proceso de reconocimiento de milagros.
Además, su misión se caracteriza por una práctica que integra elementos culturales de las comunidades índigenas con el mensaje religioso. Además, desarrolla escritos en los que documenta sus experiencias y procesos dentro de las misiones. Estas acciones permiten la expansión de su labor a diferentes regiones.
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