Rosalba Sánchez: un canto de vida, ritmo y gratitud en Fusagasugá
A sus 86 años, Rosalba Sánchez nos enseña que la música es el motor del alma. Descubre cómo su historia y su amor por Compensar se convirtieron en una canción de vida y gratitud.
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Este es un testimonio de alegría y aprendizaje continuo, cuya historia se entrelaza profundamente con el arte y la esencia de la tierra. La pasión de Rosalba Sánchez, es un canto que comenzó a gestarse desde muy pequeña en La Peña, Cundinamarca, donde solía observar con admiración a su padre tocar la guitarra y tararear canciones al regresar de sus labores en el campo.
Durante gran parte de su juventud, la música de carranga fue su fiel compañía mientras trabajaba en las cosechas de su finca, alternando sus tareas diarias como moler maíz en el molino de piedra para preparar las tradicionales arepas y envueltos. “Aprendí a moler maíz en molino de piedra, así salían las arepas y los envueltos. Desde pequeña me gustaba la música”, comenta.
El destino la llevó a dar un paso decisivo hacia su pasión cuando su única hija creció y su esposo falleció, momentos que la impulsaron a darle ritmo al sueño que la acompañaba desde niña: estudiar música formalmente. Decidida, se matriculó en la Casa de la Cultura, dedicando diez años a su formación y compartiendo largas jornadas de ensayo en su apartamento con sus compañeras de tiple.
“Eso era en las reuniones en el apartamento mío”, indica Rosalba recordando como la música se mezclaba con el aroma del pan y las galletas.
En este periodo de crecimiento, Rosalba conviertió sus vivencias en composiciones propias, como la canción que escribió para su hija tras su separación, transformando el sentimiento de la partida en una expresión artística.
La dedicación y talento de esta mujer, la han llevado a presentarse con éxito en diversos escenarios de Fusagasugá, Girardot y Melgar, acumulando premios junto a sus colegas y logrando grabar un total de diez canciones como toda una profesional. “Nos fue bien a todas. Todas tuvimos premio”, recuerda.
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Doña Rosalba recuerda con emoción que en su trayectoria encontró una nueva y poderosa fuente de inspiración al conocer el Centro para la Persona Mayor de Compensar en Fusagasugá.
Este lugar no solo se convirtió en su segundo hogar, sino también en la musa de su más reciente composición, en la cual plasmó su profundo agradecimiento a través de los siguientes versos:
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"Yo vengo desde muy lejos para llegar a Compensar,
Un gran centro de turismo para la tercera edad.
Y es un lugar tan hermoso, lleno de felicidad,
en donde puedo llevarme una linda amistad.
Me sentí como en mi casa con toda la libertad,
solo quedan los recuerdos que nunca se olvidarán."
Para ella, la existencia debe vivirse con amor y sabiduría, bajo la premisa de que la vida es como un viento que hay que saber guiar entregando amor a los demás. “Yo quisiera decirles a todos que la vida es como un viento, uno no sabe a qué hora Dios lo recoge, por eso hay que darle amor a las demás personas”, concluye esta apasionada artista.
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Con su tiple en mano y una vitalidad inagotable, ella continúa llenando de ritmo cada espacio que visita, como por ejemplo, el Centro para la Persona Mayor de Compensar en Fusagasugá, que se convirtió en el escenario perfecto para crear recuerdos que, tal como dice su canción, nunca se olvidarán.
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