Marisol Tafur: el camino hacia un nuevo propósito de vida
Esta mujer resiliente encontró en la jubilación la oportunidad de construir una nueva etapa. Su historia demuestra que el propósito, la comunidad y la esperanza pueden transformar la vida.
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Antes de emprender viajes, descubrir nuevas amistades o encontrar una nueva razón para levantarse cada mañana en el servicio a los demás, hubo una pregunta que acompañó durante mucho tiempo a Marisol Tafur.
"¿Qué voy a hacer cuando me pensione? ¿Cuál va a ser como mi propósito de vida?", se cuestionaba.
No era una preocupación menor. Después de más de 33 años de trayectoria en el sector público, gran parte de su vida había transcurrido entre responsabilidades, metas y jornadas de trabajo. Durante 28 años hizo parte del Ministerio de Hacienda y posteriormente trabajó en el Ministerio del Trabajo.
Como les sucede a muchas personas cuando terminan una etapa profesional, Marisol comenzó a preguntarse qué espacio ocuparían ahora sus sueños, sus proyectos y su tiempo. La respuesta no llegó de inmediato.
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Cuando llegó al Centro de Bienestar Integral Compensar Cra. 60, Marisol buscaba mantenerse activa. Lo que encontró fue mucho más que una agenda de actividades. Encontró una rutina que le permitió seguir aprendiendo, ejercitar su cuerpo, estimular su mente y compartir con personas que también estaban construyendo una nueva etapa de vida.
"Realmente satisfizo todas mis expectativas porque puedo tener clases físicas, grupales y hacer actividades cognitivas que me parecen muy importantes", cuenta con emoción.
Con el tiempo, esas experiencias empezaron a llenar de significado los días que antes imaginaba con incertidumbre. Volvió a hacer planes, a pensar en nuevos destinos, a imaginar el futuro. Por eso hoy habla con entusiasmo de un viaje por Sudamérica junto a dos amigas, una aventura que simboliza la forma en que ha decidido vivir esta etapa de su vida: con curiosidad, independencia y ganas de seguir construyendo recuerdos.
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La vida, sin embargo, también le tenía preparada una prueba que jamás imaginó enfrentar. El 13 de mayo de 2025, mientras participaba en una clase de arte, recibió una llamada que cambiaría para siempre su historia. Su hijo había fallecido, la noticia fue devastadora, especialmente para una mujer que siempre habla de la maternidad como el regalo más hermoso de su vida.
"Mi hijo fue un regalo, el más hermoso que Dios me pudo haber dado", recuerda con nostalgia.
En medio del dolor apareció algo que ella aún agradece profundamente: la compañía. Las personas que se encontraban con ella en ese momento se convirtieron en una red de apoyo cuando más lo necesitaba.
"El hecho de recibir la noticia en Compensar fue una bendición de Dios porque pude tener el apoyo de otras personas que me socorrieran y me ayudaran", menciona con alivio.
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Hoy, cuando vuelve a aquella pregunta que se hizo antes de pensionarse, Marisol siente que finalmente encontró una respuesta. No está en una meta profesional ni en una lista de tareas pendientes, está en servir.
"Mi propósito de vida que estoy llevando a cabo es servir a la comunidad a través de un grupo de trabajo social en la iglesia", concluye.
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Quizás por eso habla de la vida con serenidad. Porque entendió que el propósito no siempre llega de una sola vez, a veces se construye en los momentos compartidos, en las personas que aparecen en el camino y en la decisión de seguir adelante incluso cuando las circunstancias invitan a rendirse. Y es entonces cuando pronuncia una frase que resume su historia.
"A pesar de las adversidades y el dolor, la vida es bella. Debemos ser luz y ejemplo y nunca perder la esperanza".