En la ceremonia realizada el 5 de marzo en el Teatro Cafam de Bogotá, el jurado nacional anunció como ganadora a Cecilia “Chechy” Murillo, representante de Antioquia, cuyo trabajo social demuestra que la resiliencia y el compromiso comunitario pueden convertirse en verdaderas herramientas de cambio social.
Oriunda de Apartadó y emprendedora social afrodescendiente, Chechy Murillo ha construido una trayectoria marcada por la dignidad, la perseverancia y una visión incluyente de la sociedad. Su historia personal, atravesada por desafíos desde la infancia al haber nacido con agenesia en su pierna izquierda, se transformó con el tiempo en una fuente de inspiración que hoy impulsa procesos de inclusión y empoderamiento en comunidades vulnerables.
Ese propósito tomó forma en 2015 con la creación de la Fundación Moda y Flores, organización desde la cual lidera iniciativas de formación, acompañamiento y desarrollo para mujeres, personas con discapacidad, población afrodescendiente, madres cabeza de hogar, cuidadores y niños en contextos de vulnerabilidad. Más que un proyecto social, su obra se ha convertido en un espacio donde la inclusión se vive como una práctica cotidiana y donde las oportunidades se construyen colectivamente.
El Homenaje Especial ‘Mujeres Llenas de Vida’ fue recibido por Claudia Bahamón, destacó su sensibilidad ambiental, y la distinción de la Fundación Belcorp al trabajo de Isis Tíjaro Sarmiento, Mujer Cafam Magdalena 2026 en educación y derechos menstruales. Historias distintas, pero unidas por un mismo propósito: demostrar que cuando las mujeres lideran con convicción, el impacto social se multiplica y el futuro de las comunidades encuentra nuevas posibilidades.
También se destacaron otras historias de profundo impacto territorial. Desde Putumayo, Adriana Vanessa Tisoy Tandioy recibió la primera mención de honor por su trabajo como guardiana del territorio y de la memoria ancestral de su pueblo a través de la iniciativa Sumaglla Manoy, enfocada en preservar el tejido tradicional, la lengua y los saberes propios de su comunidad.
De igual manera, desde La Guajira fue destacada con la segunda mención de honor Angela Fiorenza Aguirre Peresson, quien mediante la organización Lovenet ha llevado nutrición y acceso a agua segura a comunidades vulnerables, demostrando cómo la acción social sostenida puede responder a necesidades urgentes y mejorar las condiciones de vida de poblaciones históricamente olvidadas.
La ceremonia también incluyó un momento de memoria y gratitud con el homenaje póstumo a Nydia Quintero de Balcázar, quien durante 25 años fue presidenta del jurado nacional del Premio. Su vida estuvo dedicada a promover la solidaridad y el servicio en Colombia, dejando un legado que continúa inspirando a quienes creen en el poder transformador de las iniciativas sociales.
El evento cerró con otras Menciones Especiales del Jurado, donde Doris Morera de Castro, Mujer Cafam Tolima, fue exaltada como la voz que ha tejido identidad a través de la música y Naiyeska Naiyelin Rodríguez Esaa, Mujer Cafam Vichada, trajo consigo la fuerza de la solidaridad cotidiana convirtiendo la ayuda en un acto de dignidad y esperanza.
Más allá de reconocer trayectorias individuales, el Premio Cafam a la Mujer continúa consolidándose como una plataforma que visibiliza liderazgos femeninos capaces de transformar realidades desde lo local. Cada edición permite descubrir historias que, lejos de los grandes titulares, se gestan en comunidades donde el compromiso, la empatía y la perseverancia se convierten en motores de cambio. Son mujeres que, desde distintos territorios y contextos, han decidido asumir la responsabilidad de abrir caminos y generar oportunidades para otros.
A lo largo de sus 37 ediciones, este reconocimiento ha demostrado que el verdadero impacto social se construye cuando las iniciativas nacen del conocimiento profundo de las necesidades del entorno y del deseo genuino de aportar al bienestar colectivo. Las historias que se reunieron este año no solo celebran logros individuales, sino que reflejan la fuerza de un país donde miles de mujeres lideran procesos de transformación silenciosa, recordándonos que el desarrollo social también se escribe desde la solidaridad, la inclusión y el trabajo comunitario.