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Así nació la pasión de Lady Gaga por los caballos

Hasta hace unos años, la cantante nunca había montado a caballo, pero todo cambió cuando su discográfica le regaló una yegua árabe de la que se enamoró perdidamente.

Así nació la pasión de Lady Gaga por los caballos

Foto: AFP

Foto: AFP

Como toda chica de ciudad, Lady Gaga, nacida y criada en Nueva York, nunca sintió especial interés por la vida campestre y los animales hasta que se mudó a Los Ángeles por motivos profesionales. Fue allí donde descubrió las bondades de las actividades al aire libre y se enamoró de la equitación casi por casualidad, después de que a los ejecutivos de su sello discográfico se les ocurriera hacerle un obsequio tan excesivo, pero con el que al final acabaron acertando de pleno.

"Supongo que, cuando me mudé a California, el sol fue una influencia positiva para mí, empecé a sentirme más feliz. La luz solar me ayudó a mostrarme más optimista en mi música. Mientras estaba allí, desarrollé una conexión especial con los caballos. Todo comenzó cuando mi discográfica me regaló uno por mi cumpleaños: una yegua árabe preciosa llamada Arabella. Nunca antes había recibido clases de equitación. No sabía cómo montar a caballo. Sencillamente me subí encima, me sujeté a sus crines y monté a pelo. Es tan buena que, cada vez que estaba a punto de caerme, ella se movía hacia un lado para recogerme", explica la artista en una entrevista a V Magazine.

Después de que Arabella llegara a su vida, a la intérprete no le quedó más remedio que hacerse con otro ejemplar para tener 'la parejita'.

 

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"También le he conseguido un novio, Trigger, un semental, porque no quería que se sintiera sola. Con él no me queda más remedio que utilizar silla para montar. Pero a cambio me hace sentir muy poderosa, porque él tiene mucha energía", asegura.

Lo que más atrae a la estrella del pop, que comparte habitualmente fotos paseando con sus caballos y sus perritos en sus redes sociales, de la equitación es la sensación de libertad que le proporciona en medio de una vida que, como ella misma reconoce en su esperado nuevo documental, le lleva a pasar en cuestión de segundo de estar rodeadas de decenas de asistentes a sentirse completamente sola por las noches.

"No hay ninguna presión cuando monto: me subo al caballo y me dejo ir. Es una especie de metáfora de todos los hombres con los que he estado".

 

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