La mañana del atentado, Miguel Uribe Turbay salió de su casa para cumplir una agenda que, en apariencia, sería una jornada más de campaña. Tenía programados varios compromisos, entre ellos un foro con excompañeros de la Universidad de Harvard, una reunión con magistrados y un encuentro político con ciudadanos en el parque El Golfito, en la localidad de Fontibón. Al finalizar el día, planeaba reunirse con su esposa, María Claudia Tarazona, y su hijo Alejandro para compartir una comida en familia.
Antes de salir de casa, vivió uno de sus últimos momentos junto a los suyos. María Claudia recordó que mientras ella terminaba de arreglarse, Miguel observaba a Alejandro y le dijo: "no, no vayas, quédate con Alejandro, nos vemos cuando yo regrese". Luego se lanzó sobre la cama, abrazó a su familia y se despidió con un sencillo: "Te amo, te amo".
Atentado de Miguel Uribe Turbay
Horas después llegó al parque donde tendría lugar su actividad política, pasadas las 5:20 de la tarde, todo cambió. Mientras saludaba a los asistentes y compartía con los ciudadanos, Miguel fue atacado, recibió tres impactos de bala, dos de ellos en la cabeza y uno en la rodilla izquierda.
Tras el ataque, Miguel fue trasladado inicialmente a un centro médico en Fontibón, donde recibió atención de urgencia. Posteriormente fue remitido a la Fundación Santa Fe, donde comenzó una intensa lucha por su vida.
María Claudia llegó al centro asistencial sin comprender aún la magnitud de lo ocurrido y en su relato aseguró que su esposo estaba irreconocible y que debía mirarlo con los ojos del corazón. En la devastadora escena, el médico le dijo: "Miguel está vivo, pero su estado es muy crítico, no sabemos qué va a pasar". En medio de la angustia, ella suplicó al equipo médico: "No se rindan. Si Miguel no se rinde, por favor, no se rindan".
Durante los 65 días siguientes, Miguel permaneció hospitalizado mientras familiares, amigos y miles de colombianos seguían de cerca cada reporte sobre su estado de salud. Según quienes estuvieron junto a él, hubo momentos de esperanza y otros de enorme incertidumbre.
Su esposa recordó aquellos días como una montaña rusa emocional: "En un momento Miguel estaba bien y a la hora estaba haciendo un choque séptico y a la siguiente hora estaba estable otra vez y a la siguiente hora estaba respirando solo y decíamos, 'Wow, esto es un milagro'".
Mientras tanto, a las afueras de la clínica se multiplicaban las cadenas de oración y las muestras de apoyo. Familiares y allegados coinciden en que Miguel luchó hasta el último instante, aferrado a la vida y al amor por su familia.
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