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John Krasinski y Emily Blunt se jugaron su matrimonio al trabajar juntos

El actor es muy consciente de que la experiencia de trabajar con su esposa en la vida real en el filme 'A Quiet Place', dirigido por él mismo y en el que interpretan a un matrimonio, podría haber resultado un verdadero desastre.

John Krasinski y Emily Blunt se jugaron su matrimonio al trabajar juntos

Foto: Bang ShowBiz.

Foto: Bang ShowBiz.

En la industria interpretativa, supersticiosa por naturaleza, existe la creencia de que aquellos matrimonios que den vida a una pareja atormentada en la ficción ponen en juego su felicidad conyugal en la vida real. Aunque se trate tan solo de un mito, lo cierto es que en la historia reciente del séptimo arte existen varios ejemplos que apoyan esa teoría: sin ir más lejos, ahí está el caso de Nicole Kidman y Tom Cruise tras protagonizar 'Eyes Wide Shut' o el de Brad Pitt y Angelina Jolie, que se separaron poco después de sellar su larga relación con una boda y de compartir pantalla en la cinta 'By the Sea' que dirigió la propia actriz.

Esos antecedentes eran algo que conocía de sobra el actor John Krasinski cuando eligió a su propia mujer Emily Blunt -con quien tiene dos hijas- para el papel de su esposa en la ficción en la película de terror 'A Quiet Place', para la que él mismo se puso detrás de las cámaras en el rol de cineasta.

"Nunca he querido tanto a mi mujer como después de hacer juntos esta película, y lo cierto es que estábamos muy nerviosos. Podía haber sucedido justo lo contrario; si las cosas hubiesen salido al revés, ahora mismo podríamos estar anunciando nuestro divorcio", ha reconocido él en declaraciones a People. "Pero en mi caso, se trataba de un tema de confianza: fuimos completamente abiertos desde el principio para que nada nos cogiera por sorpresa, y así pudimos expresarnos acerca de nuestras impresiones y sentimientos con total honestidad".

En su caso, esa política de sinceridad brutal implicaba, como primer paso, que la actriz le echara un vistazo al guion del filme y dejara claro qué partes deseaba modificar o cómo preferiría grabar otras, con la certeza de que su marido tomaría buena nota de sus exigencias y las pondría en práctica, evitando así tensiones innecesarias una vez comenzara el proyecto que pudieran acabar llevándose a casa.

"Le mostré toda la película y le expliqué cómo pensaba hacerla, y entonces le dije a bocajarro: ¿Te gustaría cambiar algo? La verdad es que, cuando llegó el momento de empezar a rodar, estábamos en un espacio mental maravilloso", ha explicado.

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