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¡Veámonos!
Nos vemos luego

Valentina Acosta

Valentina Acosta Giraldo es una de las promesas colombianas (convertida en realidad) del tiro al arco recurvo en Colombia. En este relato, la atleta olímpica de Tokio 2020 nos cuenta cómo hace para vencer los nervios en competencia.

“No quiero estar en esa habitación”

Valentina Acosta

Valentina mira las cuatro paredes que la rodean, justo antes de salir a competencia, y su respiración se agita.

En aquel entonces tenía apenas 19 años y ya estaba viviendo su primera final mundial individual en su disciplina: el tiro con arco recurvo. Es un evento sin precedentes, pues ningún colombiano había llegado tan lejos en este deporte olímpico.

Era una sensación contradictoria y sobre todo confusa, en la mañana y la tarde del domingo 25 de agosto de 2019 había estado muy tranquila. A las siete de la noche, atrapada en aquella habitación esperando las indicaciones para salir, la joven era un manojo de nervios.

En esa caja de 3 metros por 3 metros donde la tenían encerrada no había aire acondicionado, en pleno verano en Madrid. La presión de que aquella final iba a ser vista por muchas personas se hacía casi insostenible.

¿Y si fracasa? ¿Y si pierde y se le olvida cómo disparar? ¿Y si no le atina ni una sola flecha a la diana y bota todo al carajo?

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La presión crecía y crecía, al igual que el miedo, y en un breve momento ella sintió que le faltaba el aire.

¡Perfecto!

Como si nada pudiese ser peor, llegaron las náuseas.

La joven no aguantó más y tuvo que pedir ayuda para que alguien la sacara del hueco oscuro al que había caído por culpa del estrés y la ansiedad de competir.

“Vive una vida que recordarás”

Valentina Acosta

Valentina Acosta Giraldo nació en Pereira el 19 de abril del 2000.

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Es alegre, espontánea, vanidosa, musical, supersticiosa y multicolor. Puede estar en todo al mismo tiempo o en nada y es una de las grandes promesas de la Word Archery Colombia.

Se inició en el mundo del tiro con arco a los 15 años por el libro de Suzanne Collins, ‘Los Juegos del Hambre’, probablemente soñó con ser una especie de Katniss Everdeen colombiana. Empezó lanzando flechas en un potrero gracias al apoyo absoluto de sus padres, luego esta disciplina la atrapó por completo, como si fuera un asunto del destino.

Cabe aclarar que el tiro con arco es una práctica milenaria.

Investigadores señalan que tuvo su origen entre finales del Paleolítico y principios del Mesolítico. En Europa hay evidencia del uso del tiro con arco alrededor de unos 10.000 años antes de Cristo; en Asia y Oriente Medio, los hallazgos arqueológicos sugieren que el tiro con arco se originó antes.

De la caza y el combate pasamos a los tiempos modernos y ahora se practica como una actividad recreativa y como un deporte de alto rendimiento.

El tiro con arco con diana es el formato más reconocido y tiene dos estilos: recurvo y compuesto, siendo el tiro con arco recurvo la modalidad olímpica.

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Se llama tiro con arco recurvo porque los extremos del arco, conocidos como palas, tienen una doble curva, en forma de S, lo que suaviza su disparo e incrementa su fuerza.

Valentina, que lleva siete años practicándolo, se ha convertido en una figura a tener en cuenta y se ha robado la atención de los fanáticos y los aplausos de los conocedores del tema.

De integrar la Selección Colombia Juvenil en 2018 y ser campeona panamericana juvenil, en poco tiempo, pasó a hacer parte de la Selección Colombia de mayores y ya ha disputado múltiples competencias internacionales y está en la primera fila para hacer su debut en la fase clasificatoria del arco recuro individual en los Juegos Olímpicos de Tokio, el viernes 23 de julio a las 9:00 a.m. hora local.

Ahora lidia con los intensos entrenamientos de una deportista en la antesala de unos Olímpicos, que pueden durar más de 8 horas y exigirle lanzar más de 200 flechas al día; trata de llevar con fortaleza el hecho de estar separada de su familia que está en Pereira, pues durante largos meses entrenó con la Selección Colombia en Medellín y ahora lo hace en Japón como una de los primeros colombianos que llegaron a las tierras del sol naciente para participar en el evento más importante de su disciplina. Esquiva los truenos que la envidia le puede lanzar al tener un éxito tan precoz y aunque a veces pareciera que se va a desmoronar, siempre halla una manera de despresurizarse.

Valentina sabe que hay vida más allá del deporte y entiende que el precio del triunfo se debe pagar con responsabilidad.

Aunque ha llegado a preguntarse si tomó la decisión correcta al dedicarle su vida entera al deporte, ha podido encontrar un alivio y un desfogue en la música, la moda, el arte y las redes sociales, pues la joven deportista suma más de 169 mil seguidores (a corte del 16 de julio) en Instagram, ni siquiera la cuenta de la World Archery, la federación mundial de tiro con arco, suma esa cantidad.

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Ella no es el prototipo de la deportista obsesiva y monotemática; es versátil y ama la música electrónica, sobre todo el hardstyle y el dubstep; no le da miedo cambiar su look, por eso ha pintado su cabello de amarillo, azul, rosa, rojo y negro; ama los tatuajes y el arte; un día puede soñar con ser diseñadora de modas y al otro día, artista plástica.

Su vida parece una flecha lanzada al aire y ella no quiere que esta se esfume sin haber impactado en la diana en el número 10, sin haber vivido una vida para recordar.

Quiere tener historias tan grandes para contar como el recuerdo de aquel Campeonato Mundial Juvenil en España.

“Hasta que se lance la última flecha”

Valentina Acosta

Valentina salió un poco trémula a la pista de tiro que había sido acondicionada en la Plaza de Oriente, vecina al Palacio de Real en Madrid.

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Frente a sus ojos, a 70 metros de distancia, estaba la diana. Su rival era la mexicana Ana Paula Vázquez, era la primera vez que dos latinoamericanas se enfrentaban en una final mundialista de tiro con arco recurvo.

El miedo de la antesala, en la habitación donde reúnen a los equipos antes de la competencia, había pasado. Valentina salió por la gloria y toda la ansiedad a cuestas se evaporó.

¿Pero cómo ocurrió esto?

A los expertos en tiro con arco se les dice toxofilitas, que traduce del griego antiguo: ‘amantes del arco’. Pues bien, con maestría se paró con la cadera y los hombros perpendiculares a la línea de tiro, con la cara rotada hacia el blanco, sostuvo la respiración y disparó: su flecha viajó a cerca de 240 kilómetros por hora (la velocidad que se alcanza en el tiro con arco recurvo, según Soar Valley Archers) y dio en un perfecto 10.

Después de ver ese puntaje, el miedo salió corriendo y llegó la confianza.

Envalentonada, Valentina cerró el encuentro en tres sets (29-25, 27-26 y 29-26) y se coronó campeona mundial juvenil de tiro con arco.

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Al final de aquella jornada entendió que tras el disparo viene la sonrisa y descifró su propio manual de cómo vencer el miedo. Ella no nació para ser su propia pesa que se hunde en el fondo del océano, al contrario, nació para romper el aire a toda velocidad con su alegría y talento, que se supieron vestir de oro.

Ojalá la fórmula se repita en los Juegos Olímpicos.

Por: Felipe Laverde Salamanca

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