El cáncer de cuello uterino, una enfermedad cruel y dolorosa que se puede evitar

Geidy David es una mujer de 28 años, tres hijos y una vida hecha pedazos por causa del cáncer de cuello uterino. Ella es el rostro de este diagnóstico médico aplastante que arrebata vidas pero que es prevenible.

Geidy nació en Chigorodó, Antioquia y con mucho esfuerzo se convirtió en auxiliar de enfermería. Madre de Adrián de 14 años, de Duván de 12 y de Lucero de 9, trabajaba con esmero para pagar un arriendo de un diminuto apartamento al final de un callejón en el barrio Pablo XI de Medellín.

Todo marchaba sobre ruedas cuando la diagnosticaron con cáncer de cuello uterino:

“Y ti que dicen ‘cáncer’ y ya tú muerte. Es muy duro, porque sientes que la vida se te va acabar… No se sabe que es más duro: si la enfermedad o ver a tus hijos sufriendo”.

Con el cáncer del cuello uterino todo huele mal, desde la negligencia de los médicos hasta el sistema de salud.

Geidy llevaba años sintiéndose mal y pidiéndole a algún médico que la atendiera como debe ser, pues en esta enfermedad un diagnóstico a tiempo marca la diferencia entre vivir o morir.

Atrapada en esta pesadilla, un día se le apareció un ángel en el camino: el doctor René Pareja, uno de los mejores oncólogos que hay en Colombia, quien la ha ayudado en su tratamiento.

En Colombia, 5000 mujeres se enferman de este tipo de cáncer al año y mueren 2600, muchos de estos casos ocurren por negligencia médica o por ignorancia porque esta enfermedad se puede prevenir con la vacuna contra el virus del papiloma humano.

“Si uno se vacuna, si vacunamos a las niñas de cierta edad y se hacen los tests de detección a las edades predeterminadas en las normas del ministerio, podemos disminuir tanto la incidencia como la mortalidad del cáncer del cuello uterino. Otros países ya lo han logrado, nosotros íbamos en esa vía y tuvimos un reversazo y tenemos que recuperar esa vía”, asegura el doctor Pareja.

El reversazo fue el ruido tan grande que hicimos los medios de comunicación de un supuesto efecto de la vacuna contra el virus del papiloma humano en unas niñas del Carmen de Bolívar.

“No podemos dejarnos influenciar por hechos aislados que, de ninguna manera, pueden ser vinculados de manera científica con la vacuna para tomar decisiones respecto a vacunar o no nuestras hijas y nuestros hijos… nosotros tenemos la obligación moral de recuperar la confianza en la vacuna”, explica el doctor Pareja.

Existiendo la vacuna, las mujeres deberían morir de viejas, no de cáncer de cuello uterino.

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