Conocieron el infierno del bazuco y ahora son ángeles que buscan salvar a otros

Astrid Torres y Gabriel Rosero se refugiaron en la droga, pero un día encontraron la luz al final del túnel y decidieron tomar una tentadora oferta de los brigadistas azules para cambiar su vida. Hoy, son dos de decenas que recorren las calles para tenderles la mano a quienes son olvidados en medio de la soledad y la indiferencia.

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En los últimos cuatro años, unos 2.300 habitantes de calle intentaron con estas brigadas azules salir de la oscuridad de la droga. En Bogotá, hay seis hogares de paso donde se pueden duchar, comer, desintoxicarse y hasta estudiar.

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