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Una mañana más en Antioquia, y el sol amenaza con despuntar tan brillante como de costumbre, la brisa  bambolea los árboles y los pájaros entonan sus finos cánticos, mientras Camilo y Juancho se pasean las calles, a buen ritmo, intentando llegar a tiempo a su trabajo. Este par de hombres son amigos inseparables, compinches de la vida y aliados en las melodías y el compás; trabajan en la orquesta del maestro Guzmán y sueñan con convertirse en músicos reconocidos por su talento y su pasión.

Camilo siempre ha creído que el talento es reconocido si trae consigo un sello diferente, si sobresale ante los demás; por lo mismo, no le gusta ser del montón y prefiere el riesgo antes que la comodidad. Razón por la que, ese mismo día de sol canicular, movido por ese espíritu encantador, decide salirse de lo convencional y demostrar  en tarima todo su talante para innovar y cambiar la manera de cantar y hacer música, eso sí, con tal mal resultado que salirse del esquema le cuesta también la salida de la orquesta y tal vez la nulidad de la única opción que tenía para sacar adelante su sueño musical.  

Fiel a su personalidad e impulsado por esa pasión desbordante, Camilo no se vence ante la adversidad y resuelve poner en marcha su propia orquesta,  una de la que todo el mundo hablará por la calidad de artistas que la conforman, y por esa manera con la que se paran ante su público a revolucionar las melodías tropicales de la época; ellos son Los Latinos. En esa búsqueda, a la orquesta y a su vida, llega Daniela, una mujer de clase alta que finge no serlo para sentirse igual que los del grupo y así, darle rienda suelta a la misma pasión por la música que comparte con Camilo. Ambos son el complemento perfecto, su atracción es casi inmediata pero cada uno, por razones diferentes, no se atreve a decir o expresar lo que su corazón siente.

Al mismo tiempo, Juancho, un poco más disciplinado que Camilo y dedicado a conservar su trabajo en la orquesta del maestro Guzmán, en una de sus noches de toque en un club y despechado por cuenta de la negativa de Janet a su propuesta de matrimonio, conoce a la misma Daniela que atrapó a Camilo, pero la conoce tal cual es: como la hija del señor Nicolás, un hombre adinerado y de renombre en la región. Juancho sin proponérselo también siente el flechazo de Daniela, siente que le robó el corazón apenas la vio y por eso se ilusiona con tenerla algún día entre sus brazos.  Lo que Juancho no se imagina es que su amigo también suspira por la misma mujer y eso a la larga, termina por pasarles cuenta de cobro.  Por un tiempo, Camilo y Juancho comparten la ilusión, al parecer, por mujeres distintas, pero más temprano que tarde, por cuenta de su rebeldía y ganas de cumplir su sueño, Daniela llega a la casa de Camilo a pedir posada, sin un peso en el bolsillo pero con toda la ilusión de convertirse en el músico que sueña ser, por supuesto, esto saca toda y la única verdad a la luz: los amigos están enamorados de la misma mujer.

Para este momento, el valor de la amistad tiene mayor significado que el del amor y por eso cada quien, implícitamente, decide alejarse de Daniela, imaginando que el otro merece ser feliz a su lado.