Bogotá latió con Radiohead en el Soundhearts Festival

En una noche fría y húmeda, el cielo se descapotó para ver por primera vez a Radiohead en Colombia. El saldo: un recital memorable en las retinas, los oídos y los corazones de los asistentes.

Radiohead latió en Bogotá con el Soundhearts Festival

Foto: Ana María Gallón

Foto: Ana María Gallón

El Preludio

Muy a las seis de la tarde en punto, una máquina del ritmo se encendió en el Simón Bolívar y puso bailar a los presentes con una descarga eléctrico-tropical. Las pantallas se iluminaron de colores fluorescentes, de repente una enorme víbora de la jungla con escamas multicolor envolvió a todos. Se escuchó un rumor del jolgorio, era algo especial: un llamado de la selva.

Eso fue Ghetto Kumbé. Una reivindicación, muy apropiada y actual, de la música que se está haciendo en el país. Un sello inconfundible de house caribeño, un beat futurista que suena sabroso y a tono con los tambores ancestrales de África.

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Enseguida, Junun, un proyecto multicultural y sui géneris entró en escena. Alumbrado por la fascinación de la primera guitarra de Radiohead (Jonny Greenwood), este genial grupo mezcla con ingenio los sonidos clásicos de La India con la corriente occidental de Shyne Ben Tzur, un compositor israelí que se embelesó con estas melodías y terminó llamando la atención de Greenwood, tanto que resultaron siendo teloneros de la banda británica.

¿Será que alguno de estos 15 músicos de aquel país asiático se imaginó que se iban a cruzar el mundo entero para tocar una noche en Bogotá? Quién sabe. Eso es lo bello de la música: el público residente de la capital terminó calentando la noche con tambores como el dholak y el nagara al lado de las cuerdas del saragi y la kamaicha. Un encuentro de dos culturas que hizo olvidar los kilómetros que hay entre Colombia e India.

 

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Revive en imágenes los mejores momentos del show de Radiohead en Colombia.

Steven Ellison, mejor conocido como Flying Lotus, le dio continuidad al festival con un espectáculo audiovisual verdaderamente abrumador. Fue como si se le abriera la jaula a una gran bestia que escupía rayos, soles y colores.

Pronto todos terminaron bailando en las entrañas del monstruo, con un montón de figuras geométricas fulgurantes que invitaron a perder el control.

El sueño se cumplió

Hubo oscuridad por un instante en el Parque Simón Bolívar. El reloj marcaba las 9:30 de la noche. El tumulto en punto de ebullición empezó a prender sus celulares porque las ansias eran palpables en aquel momento. La espera se había acabado: por primera vez en la historia, una de las bandas más importantes e influyentes del rock alternativo pisaba suelo colombiano. Radiohead estaba en tarima y las primeras notas de 'Daydreaming' hicieron explotar a todos en una masa de gritos, silbidos y flashes.

Allí estaban inmortales: Yorke, los dos Greenwood, O'Brien y Selway. Posteriormente una seguidilla de canciones evidenció la prolijidad de los británicos. 'Ful Stop', por ejemplo, le permitió desplegar toda su versatilidad al baterista Phil Selway; '15 Step', 'Myxomatosis' y 'You and Whose Army?' les sirvió de calistenia al bajo y a las guitarras; y 'All I Need', de forma concluyente, expuso el sempiterno y particular falsete de la voz de Thom Yorke.

 

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Qué noche estaba viviendo Bogotá. Algún incrédulo manifestaba trémulo que no podía creer que estaba viendo a Thom tan cerca, a unos escasos tres metros de distancia. Otro, más avezado, intentaba burlar las barricadas que dividían las dos localidades (P1-OK COMPUTER y P2-IN RAINBOWS) con un rotundo fracaso. Ya que apenas plantó sus pies en la tierra, luego del aventón, tenía a diez policías encima.

Para que lo sepan los más exquisitos, la noche del jueves 25 de abril de 2018 Radiohead tocó 26 canciones de sus diferentes álbumes: 6 de In Rainbows, 5 de Ok Computer, 3 de A Moon Shaped Pool, 3 de The Bends, 2 de Amnesiac, 2 de Hail to the Thief, 2 del Kid A, 2 de The King of Limbs y 1 del legendario Pablo Honey.

Particularmente fue inolvidable escuchar 'No Surprises' en vivo, con luces rosadas y azules de fondo. Sintiendo cada letra como propia, tan apabullado al punto que fue necesario suspirar para liberar la nostalgia.

 

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A heart that’s full up like a landfill,

a job that slowly kills you,

bruises that won't heal.

You look so tired-unhappy (…)

///

Un corazón lleno como un botadero de basura,

un trabajo que te mata lentamente,

contusiones que no se curan.

Te ves tan cansado e infeliz (…)

Y así fue. La gente lucía cansada a mitad de la semana, pero evidentemente feliz. Feliz a pesar de que la noche se fue colmando de nubes y el cielo soltó la lluvia para ponerle el moño a la melancolía.

Sonaron: '2 + 2 =5', 'Identikit', 'Lotus Flower' y muchas otras para abonarle el terreno a 'Creep' que terminó por desatar la locura. Un tipo bailaba en medio de las gotas de agua que caían, sin importarle nada ni nadie, hasta que llegó un policía y le pidió sus documentos. Él no tenía ni un papel encima, se lo llevaron. Alguien murmuró por ahí: "Se le tiraron el concierto”. Al rato regresó sonriente y acompañado de dos polas.

En ese concierto, para los fanáticos de marras nada se pudo interponer entre ellos y su éxtasis de ver en vivo a su banda favorita. Aquel hombre que bailaba orate y mojado fue el mejor ejemplo.

El suelo tembló de sentir a más de veinte mil seres humanos saltando. Pero en verdad Bogotá no se estremeció en el Simón Bolívar, en realidad estaba latiendo por Radiohead.

Por: Felipe Laverde Salamanca

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