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Julio 3 de 2013

Faustino Asprilla, un rebelde genial

El 'Tino' ha sido unos de los jugadores de fútbol más importantes en la historia de Colombia. Conozca más de su trayectoria.

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Más allá de ser un gran jugador, un inventor de artillerías futbolísticas, un fabricante de goles memorables, un artista del movimiento que lograba imprimir belleza y muscular poesía a sus jugadas, Faustino Asprilla fue una auténtica vedette, y dejó a su paso tal cantidad de anécdotas deportivas y extradeportivas, como para que su historia tenga ya un tufillo de leyenda.

 

Hijo de una familia muy modesta de Tuluá, Valle, mostró desde muy niño una personalidad díscola, picaresca, traviesa, aguda, irónica y una inteligencia sorprendente.

 

Pero no fueron los libros lo que captó el temprano interés de Faustino. Sus amigos de niñez recuerdan que el jovencito lo que quería era permanecer en las calles y potreros de su barrio. Era el muchacho del apunte veloz, de la malicia temprana frente a la belleza de las mujeres y del apunte sarcástico.

 

Su madre, Marcela Hinestroza, lo reprimía con frecuencia, pero siempre fue la mujer que lo supo hacer reír. Era el tiempo de las vacas flacas y la familia vivía de una fábrica de helados hechos con las guayabas perfumadas que brotaban de un árbol que estaba en el patio de la casa. Aquella industria casera estuvo, muchas veces, en serio peligro y cerca de la bancarrota, por culpa del futuro crac. Resulta que Faustino, sin pensar en las consecuencias, mordía los helados antes de que fueran puestos a la venta, con la consecuente indignada protesta de los compradores.

 

En el patio, además del generoso guayabo, pernoctaba un gallo de olla, gordiflón y malgeniado, que nunca gustó de Faustino. Nada más lo veía aparecer en escena y enrumbaba hacia él con el pico presto a darle una dolorosa reprimenda.

 

Fueron varias las ocasiones en las que el "demonio emplumado" logró su cometido y, debido a ello, el futuro ídolo quedó para siempre indispuesto con estas aves, al punto que, años después, cuando organizaba sus atronadoras y concurridas fiestas, mandaba matar cuanto gallo, pollo o gallina estaban a la vista.

 

Al Tino le ha gustado siempre la buena vida y supo, con una capacidad de clarividente, que no sería un hombre del común, y que tendría el dinero necesario para comprar las cosas finas que despertaban sus ensueños e inflamaban su imaginación. Por eso apareció una mañana en el campo de fútbol del barrio Alvernia, sector de la clase media alta.

 

Su simpatía y espontaneidad les abrieron paso a muchas amistades nuevas, entre ellas, la de Víctor Osorio, más conocido como Caremonja, con quien labró un lazo tan fuerte, que todavía permanece intacto. "Tino es de extremos, no tibio: puede ser el más callado, pero también el más locuaz, de muy buen sentido del humor y muy bravo, si lo inducen. Esa dualidad siempre lo ha perseguido", dice él.

 

El Tino cruzó la infancia y la adolescencia entre partidos de fútbol e inolvidables travesuras, que lo mantenían aporreado. No en vano lo apodaban Siete Chichos. Estuvo en los pequeños equipos Alianza, Arroz Andes y Gimnasio del Pacífico, y los rumores sobre su talento excepcional empezaron a correr. Ingresó, más tarde, a la escuadra Sarmiento Lora y de allí dio el salto al profesionalismo en el Deportivo Cúcuta y en el Atlético Nacional. Las estaciones internacionales - el Parma, el Newcastle, Palmeiras, Fluminense, Universidad de Chile y Estudiantes de la Plata- le otorgaron fama mundial.

 

Pero, quizá donde habría de enamorar, literalmente, al grueso de los aficionados fue en sus actuaciones con la Selección Colombia, incluida la tarde prodigiosa del 5-0.El Tino, además, se transformó en uno de los más requeridos personajes del jet set internacional. Compartió fiestas extravagantes al lado de Naomi Campbell, se enloqueció con la moda en Italia y no escatimó en gastos. Tuvo dinero y gozó mostrándolo. El día del 5-0, Asprilla y Redondo no paraban de hablar y echarse puyas. Asprilla le decía: ‘¿Y vos quién sos?, ¿dónde jugás? Andá averiguá cuánto me gano en el Parma'. Y el argentino le respondía: ‘Pero mira la carita que tengo yo'.

 

Tino es un gran conversador y hay quienes dicen que ha hecho de su vida una fábula, pues a la hora de las anécdotas es más lo que exagera, que la verdad.

 

El Tino hoy vive tranquilo, 'casado con su familia' como dice su mejor amigo, Caremonja, pendiente de sus sobrinos, sin novia ni compañera oficial. Económicamente, marcha bien, pues supo invertir el dinero en fincas de caña de azúcar.

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